Una serie de organizaciones protectoras de animales, entre ellas varias de La Pampa, salieron al cruce de las movilizaciones que piden la derogación de la Ley 27.330.

Diversas organizaciones que trabajan en defensa de los animales salieron a rechazar las movilizaciones que intentan derogar la Ley 27.330 y repudiaron la marcha que organizaron en Santa Rosa desde la Asociación Civil Galguera Pampeana. La local Fundación Vidanimal es una de las que adoptó alto perfil en defensa de la legislación vigente y una de las firmantes de un documento fijando posición.

Anuncio

La Asociación Galguera anunció una de sus movidas para este viernes en Santa Rosa, reclamando por “el respeto a sus tradiciones” y la derogación de la Ley Penal 27.330 que  rohíbe en todo el territorio nacional la realización de carreras de perros, cualquiera sea su raza.

“La sanción de esta Ley fue un avance en materia de reconocimiento de derechos a los animales porque no solamente indica que la actividad es ilegal, sino que la califica como delito. La aprobación vino a ser el corolario de una actividad que tuvo como lugar de discusión el Congreso de la Nación Argentina, fue allí que, diputados, diputadas, senadoras y senadores con representación política y de las provincias y CABA respectivamente, acordaron la sanción de esta ley y como tal es debida su respeto y obediencia, más aun sabiendo que luego de 5 años de su aprobación, no ha sido declarada inconstitucional ni atacada en modo alguno porque se entiende pacíficamente que no vulnera derechos de ninguna persona”, aseveró la Fundación Vidanimal junto a otra serie de organizaciones.

“Resulta evidente entonces que, el eje central y principal del reclamo -so pretensa manifestación ciudadana que se ampara en el principio de igualdad-, es la organización y realización de carreras de galgos. Otra novedad es que esta petición aparezca fundamentada sobre una base totalmente desconectada de los hechos, como es la del bienestar animal y la tenencia responsable. Esa novedad sería irrisoria, sino fuera una burla absolutamente contradictoria, incompatible y opuesta a la evidente traza malherida del cuerpo de los galgos rescatados, que atestiguan lo que la actividad de las carreras y la caza, significan a la calidad de vida de todos los animales involucrados”, agrega el documento.

Entre las entidades que rubrican ese posicionamiento aparecen “Ché Galgo”, la Fundación Vida Animal La Pampa, la Fundación Adoptá un galgo en Argentina, el Grupo de Protección a los Animales Abandonados de Cruz Alta, “Somos Uno. Ayudando Amigos”, de Obispo Trejo; “Refugio patitas al rescate”, “Corazón de trapo. Ayuda a los animales”, de  Arroyito; Protectora de Animales de Devoto; “Garritas” de Pozo del Molle, Córdoba; “Patitas Vagabundas” de Carrilobo, Córdoba; Entidad Merlina de Protección Animal, de Merlo, San Luis; Proyecto SALA de La Para, Córdoba;  “Mascotas El Tío” de El Tío, Córdoba; “Zoocorro”, de Villa Rumipal, Córdoba; “Galgos por La Libertad”, de Córdoba; PIAC., de General Cabrera, Córdoba; “Hogar Narices Frías”, de Villa Griselda; Corral de Bustos, de Córdoba; Mascotas Alvear, de  Intendente Alvear de La Pampa; Grupo de voluntarios amigos de los animales, de Eduardo Castex; “Amores perros”, de Rancul; “Unidos por los Perros”, de  La Carlota, Córdoba.

“En muchas páginas web y perfiles de Asociaciones Protectoras de Animales y Fundaciones, se pueden consultar las numerosas fotos y videos que registran los procedimientos de cópula forzada, cría, selección, entrenamiento, uso, descarte, venta -que ha ideado el colectivo galguero como modelo de industria-, muy la medida de la dignidad de quienes disfrutan con lo que hacen, al punto de describirlo como una pasión”, informan en el comunicado conjunto.

Advierten que “las carreras de galgos, teniendo en cuenta su desarrollo, sus inevitables precedentes, y sus inexorables consecuencias, importan en y por sí, el desarrollo de una actividad cruel hacia los animales por antonomasia, una actividad que presupone y le es inherente: crueldad en el adiestramiento, crueldad en la vida de enjaulamiento, crueldad en el sometimiento a la competencia, y en su desarrollo, crueldad posterior a la carrera, crueldad en el inevitable descarte de animales, etc. No existe forma de llevar a cabo esta actividad, por parte de las personas que organizan, fomentan, comercian o de un modo u otro, participan, sin incurrir ineludiblemente, en mayor o menor intensidad, en trato cruel hacia los perros sometidos a este vil negocio”.

“Corresponde puntualizar que la antigüedad de la actividad no implica necesariamente tradición. Que el hombre ha manejado hasta ahora sin contemplaciones a los animales, no es una razón de peso para que siga haciéndolo. No parece factible que la vigencia de nuestras leyes vaya a depender siempre de la ignorancia de nuestros antepasados. Por el contrario, el espíritu de nuestro tiempo, marcado por la tolerancia y el respeto pluralista, no tolera, sin embargo, a ninguna de las salvajerías que, amparadas en aquella supuesta tradición, se ensañan brutalmente contra animales no humanos. Entre ellas, obviamente, el degradante show de las carreras de galgos, no solo en sí mismas consideradas, sino también y fundamentalmente, por todo lo que entrañan”, insisten.

El documento añade que “es llamativo que, frente a los miles de galgos lastimados, enfermos, desnutridos, quemados, quebrados, desgarrados, que se ven a diario en las calles, y en las redes sociales buscando hogares de tránsito o definitivos que los amparen de una muerte segura, este grupo de personas -los galgueros-, sobradamente demostrada su capacidad de daño, osen y pretendan someter a la sociedad a reclamos donde exigen se ponderen sus derechos como poseedore s, de seguir sirviéndose de la velocidad de los galgos, cuando la clara motivación no es más que la patológica diversión de gozar con el suplicio de un ser viviente y -por qué no, ya que estamos- las apuestas. Así lo reafirman, en varias declaraciones vertidas en los medios, confesando que deben hacer estas actividades de carreras ilegales de manera clandestina, lo que es una desinhibida demostración de la peligrosidad que se intenta erradicar: el menosprecio a los derechos de los animales, pero también a las personas que deseamos vivir en un estado de derecho”.