Cientos de personas que perdieron absolutamente todo tras la impactante tormenta de lluvia y granizo que azotó a Santa Rosa durante la siesta del domingo pasado comenzaron ayer a intentar recuperarse de una situación dramática que arrasó con colchones, ropa y muebles. Tras sacar al sol para intentar secar todos aquellos materiales con posibilidad de recuperarse y descartar en la vereda todo aquello que quedó inutilizable hubo que limpiar y desinfectar el interior de las viviendas para volver a habitarlas.

Entre los barrios más afectados estuvieron El Molino, Almafuerte, Santa María de La Pampa y Malvinas Argentinas, donde el agua convirtió las calles en lagunas que no tardaron en ingresar a las viviendas y arrasar con todo. Pero tras la desesperación del momento por resguardar la vida y luego la mayor cantidad de pertenencias posible, el lunes comenzó la tarea de reconstrucción.

Anuncio

Dora es una vecina de la calle Maipú al 400, en el Almafuerte. Vive en el lugar desde hace 30 años y en diálogo con este diario aseguró: «acá siempre nos inundamos y nunca nos dieron una solución». Sin embargo dijo que la rapidez con la que se inundó la zona y su vivienda la sorprendió. «Yo soy sola pero por suerte estaba con mi nieto más grande que enseguida me ayudó a subir la heladera a la mesa porque el agua entró en todos los rincones, no creíamos que podía pasar algo así», sostuvo.

Por las distintas pendientes que tiene el barrio, por el patio de su vivienda entra un «río» que se formó naturalmente, donde el agua no para de escurrir desde que terminó la tormenta. Molesta pero es lo que menos le preocupa. «Estoy sacando todo, recién empezando porque anoche (por el domingo) nos acostamos tarde y hoy (por ayer) me dolía todo el cuerpo, pero una mujer nos alcanzó lavandina pero no nos alcanza, hay que desinfectar todo. El municipio está repartiendo pero necesitamos más», dijo al tiempo que contó que más temprano desde la comuna le entregaron dos colchones y una bolsa de alimentos para subsistir, al menos, durante los días que llevará la recuperación.

Pasar la noche.
Si bien durante la soleada y ventosa jornada de ayer las personas afectadas pudieron comenzar a acomodarse, Dora contó que pasar la noche fue tanto o más desesperante como ver el agua entrar a la casa sin posibilidad de detenerla.

«Estuvimos hasta muy tarde sacando el agua de adentro y sin luz porque la Cooperativa vino a cortarla para evitar que pase algo con la corriente. Nos acostamos y pasamos la noche con las velas prendidas y el cuerpo frío porque el agua estaba helada y habíamos estado toda la tarde con los pies adentro», expresó.

En todos los barrios hubo familias que debieron evacuarse o autoevacuarse. También quienes debieron llevarse a sus hijos a las casas de familiares para evitar que pasen la noche con frío y, por ejemplo, con sus colchones mojados.

Julián vive junto a su pareja y sus tres hijos en la esquina de Chacabuco y Gobernador Duval, en el barrio Almafuerte. «Todavía no sé como hicimos pero cuando subió el agua de golpe tuvimos que sacar a los nenes y cruzar hasta un parque acá a 100 metros para que pase un familiar a buscarlos y nosotros poder pasar la noche acá. Ni bien tocamos el agua hicimos dos pasos y nos subimos a la caja de la camioneta del vecino porque te quemaba de lo helada que estaba. Y cuando volvimos tuve que rescatar a un nene de la casa de al lado que estaba solo y salió a la calle porque se asustó con un cortocircuito. Creo que si llegaba hasta Duval lo arrastraba la corriente y eso hubiera sido terrible», recordó.

A su vez, agregó: «Pasar la noche acá fue feo porque nos cortaron la luz y no pudimos dormir ni un rato por el miedo que teníamos de que vuelva a llover, porque estaba pronosticado. Si eso pasaba se nos iba a inundar de nuevo y ya demasiado daño nos había hecho durante el día. Nos tuvimos que quedar con el colchón mojado porque cuando vino la Municipalidad a entregar no nos quisieron dar porque no estábamos anotados, una barbaridad».

Salir adelante.
En los barrios mencionados antes el panorama es desolador porque el agua no cede. Pero en el barrio Malvinas Argentinas lo es aún más: debido a que el cuenco ubicado sobre la manzana de Farinatti, Vaira, Dorrego y Montaldo colapsó, las calles aledañas todavía permanecen con alrededor de 30 centímetros de agua. Pese a la frustración de perder todo, los vecinos y vecinas no bajan los brazos.

«Nosotros nos tuvimos que ir ayer a las 6 de la tarde después de intentar salvar lo más posible porque tenemos una bebé chiquita de 7 meses y otra nena de 12 años. Hoy (por ayer) temprano volvimos a sacar todo y a desinfectar, porque el agua está muy sucia y ensució todo. Estamos destruidos porque se nos mojó la cama, las frazadas, nos quedamos con la ropa puesta… es la tercera vez que perdemos todo», dijo Lorena desde la puerta de su casa, en Farinatti al 400.

Pese a eso, junto a José Luis, su pareja, no dejaron de expresar que quieren y tienen que salir adelante. «No nos queda otra, nos arremangamos y acá estamos, vamos a salir adelante, no nos queda otra. No nos ayuda nadie, porque no nos quisieron dar un colchón porque no pasamos la noche acá, pero vamos a levantarnos porque tenemos dos criaturas y tenemos que ser fuertes», concluyeron.