Por Norberto G. Asquini

Entre las primeras mujeres en ocupar cargos públicos como representantes de la provincia de La Pampa, una de ellas fue Josefa Miguel, de Jacinto Arauz. La docente fue convencional constituyente cuando se creó la Provincia, diputada nacional peronista en el Congreso y terminó encarcelada durante el golpe de Estado de la “Libertadora”, luego que militares tomaran su casa con una tanqueta apuntándole a la puerta. Pasaría más de dos años en la cárcel por sus ideas y lejos de su familia.

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Josefa Miguel nació en Jacinto Arauz en 1903. Antes de comenzar con su actividad política, ejerció como docente y directora en la Escuela Número 33 “General Manuel Belgrano”, de esa localidad, y como profesora de Matemática en el Instituto José Manuel Estrada de la localidad vecina de General San Martín. A su vez, era profesora particular de Francés. Estaba casada con Manuel Tubío, y tuvo tres hijos: Alberto, Oscar y Alicia Tubío. Su hermana, Yolanda Miguel, sería intendenta de Jacinto Arauz. Su historia fue rescatada por la periodista Abril Tubío, su nieta, en la investigación “Josefa Miguel. Representatividad, discurso y lucha de las Diputadas Peronistas”.

Eva y el peronismo

A fines de la década de 1940, mientras fue docente y directora de la Escuela 33, Miguel comenzó su militancia en el peronismo. Por entonces, las mujeres se abrían camino en el mundo de la política y Eva Perón buscó a docentes que se sumaran a la vida pública. En La Pampa, muchas de las primeras dirigentes del peronismo ejercían la docencia e ingresaron como referentes zonales al Partido Peronista Femenino.

En Jacinto Arauz, Miguel se convirtió en la referente del movimiento. Tanto así, que una vecina relató que salía “de a ratos del trabajo, porque ahí no se podía hablar de todo lo que hablaba con Josefa. Tomábamos unos mates y volvía”.

Como integrante del Partido Peronista Femenino, Miguel fue electa entre las convencionales constituyentes que redactaron la primera carta magna de La Pampa, llamada entonces Provincia Eva Perón, en 1952.

En su primer discurso, Josefa agradeció a Eva Perón su intervención para que finalmente el territorio nacional pudiera convertirse en Provincia. “Para La Pampa felizmente llegó la hora por mediación de quien con visión profética resolvió con decisión el viejo problema de la provincialización. Por sus gestiones, por su continuo bregar, por su incansable acción podremos gozar de los derechos que tantas veces nos fueron negados. A la gestora, a Eva Perón con la emoción y el carácter de ser hija de este pedazo de suelo argentino rindo el homenaje de mi agradecimiento y mi admiración. Con Eva Perón, pues, con esa mujer incomparable hemos contraído los pampeanos la más grande de las deudas, de ahí que preferentemente haya deseado que mis primeras palabras en esta Asamblea fueran dedicadas a la mujer que representa en fuerte amalgama, el amor, la fe, la esperanza, la dulzura, la femeneidad y la solidaridad humana”, indicó la representante.

Una banca en el Congreso

El 11 de noviembre de 1951, en las elecciones en que votaron por primera vez las mujeres y la provincia eligió también por vez primera sus legisladores y legisladores nacionales, Josefa Miguel fue electa como diputada nacional. “Allí comienza su carrera en el Congreso que estaba destinada –en su mayoría– a los derechos de familia, aunque también participó de la definición de los límites con Bolivia y otros temas”, indica Abril Tubío.

“Más allá de formar parte de la primera ‘ola’ de mujeres en ingresar al Congreso Nacional bajo el cargo de Diputadas Nacionales, Josefa marcaba el cambio de paradigma en cada uno de sus discursos. Varios de ellos, comienzan dirigidos hacia ‘compañeras y compañeros’, lo que se relaciona directamente con el ‘todos y todas’ que empleó nuestra primera presidenta electa Cristina Fernández”, rescató su nieta.

En otro de sus discursos en el Congreso, Josefa Miguel aseguró: “Cambio social, político, económico y cultural que no haya logrado penetrar a fondo en la familia es un cambio superficial” y agregaba: “Para conocer un país no hay que recorrer sus avenidas, hay que entrar en sus casas”. “Para ella, la política debía cambiarle –para bien– la vida a las personas”, afirmó Abril Tubío.

Mientras fue diputada, durante los días de semana, Josefa estaba en la Capital Federal y se hospedaba en la casa de una compañera a cuatro cuadras de Plaza de Mayo. Llegados los fines de semana, viajaba en tren para visitar a su familia.

Una tanqueta frente a su casa

El 16 de septiembre de 1955 se produjo el golpe de Estado que destituyó al presidente Juan Domingo Perón y dio comienzo a la persecución contra el peronismo de la mano de la denominada “Libertadora”.

Cuatro vecinos de Jacinto Arauz, que conocían a Josefa –incluso ella les daba clases particulares a sus hijos– decidieron denunciarla y ponerla en manos de la Marina de Bahía Blanca. Afirmaron que “en la casa de la diputada Josefa Miguel de Tubío se guardaban armas para iniciar la revuelta en La Pampa”, recuerda su hijo Oscar Tubío. Los vecinos sospecharon que en cajas de artículos de librería –local que tenía Manuel, el esposo de Josefa– había armas.

Sus hijos Alberto y Oscar llegaron a comienzos de noviembre a la casa y se encontraron militares dentro. “Cuando llegamos a casa, había una tanqueta que enfocaba para adentro. Estaban mamá y papá contra la pared. Y la ropa del ropero, bueno todo, todo en el suelo. Los cuadros de Perón, que tengo en el garaje ahora, estaban en el suelo. Los rompieron. Los sacaban con una espada, que se yo, ‘tic’ los tiraban a la mierda”, relató Oscar. “Papá tenía una librería. En aquella época se compraba todo lo de la librería en Buenos Aires, él compraba en una casa mayorista que se llamaba Stocker y mandaban todo en cajones de madera. Entonces, no me olvido nunca, buscaban unos cajones. Papá estaba contra la pared y me dice, ‘andá a mirar, los cajones están en el patio con maíz y trigo para las gallinas’ y fuimos. Íbamos mi hermano y yo con la ametralladora en la espalda y nos hicieron revisar dos cajones, eso no me olvido”.

El 5 de noviembre de 1955, Josefa fue trasladada a Capital Federal e ingresó junto a otras ex legisladoras al Correccional de Mujeres ubicado en la calle Humberto Primo 378. La mayoría fue liberada para la Navidad de 1955. Quedaron encarceladas además de Miguel, Ana Macri, Juana Larrauri, Delia Parodi, María Rosa Calviño, Otilia Villa Macri y Susana Correchea. “Josefa fue una de las que más tiempo permaneció presa en el Correccional de Mujeres. Fueron dos años y veinte días. Dos fines de año, dos cumpleaños de cada uno de sus hijos. Afortunadamente no el de sus nietos, los primeros nacieron en 1958 y 1959”, resaltó Abril Tubío.

Los días de la cárcel

Su hijo Oscar recordó cómo eran las visitas a la cárcel: “Al principio nos sacaban todo al entrar, reloj y anillos. Después cuando fueron más conocidos ya no. Nos reuníamos en un patio, en un zaguán grande. Estaba dividido. Ahí conocí a la Raulito (la conocida hincha de Boca). Mamá le enseñó a leer y a escribir en la cárcel. También pidió no sé a quién –porque estaban presas en esa cárcel las comunistas que tenían profesoras para todo– para dar clases de Francés, porque ella era profesora de Francés. Y le dijeron que sí”. Sus días en la cárcel pasaban entre tejidos, partidos de Racing y clases de francés, lectura y escritura.

En la causa que se le abrió en la Justicia, fue acusada de ser propietaria de campos de algodón en Chaco y de ser dueña de una flota de taxis en Buenos Aires. Además, Josefa fue incluida entre quienes fueron acusados por “traición a la patria”, junto a Perón.

Luego del juicio, el juez Luis Botet convirtió en prisión preventiva las detenciones de algunos dirigentes, amplió la prisión preventiva de otras y otros como fue el caso de Miguel y decretó el procedimiento y orden de detención para otros, entre los cuales estaba Perón. Josefa pasó en total 2 años y 17 días privada de su libertad.

Las consecuencias no sólo fueron para ella, sino también para toda su familia. Como contó su hijo Oscar, siempre llegaba primero a su trabajo para que nadie tuviera una excusa para acusarlo.

Josefa Miguel falleció en 1962, cinco años después de ser liberada. Durante los últimos años de su vida disfrutó de su familia y retomó las actividades de docente en el colegio de General San Martín. Fue diagnosticada con cáncer de páncreas. Si bien no se sabe con exactitud cuándo comenzó a desarrollarse la enfermedad, se supone que los momentos de estrés extremos que vivió mientras estuvo encarcelada pudieron afectarla en ese sentido. No quiso cumplir con ningún tratamiento. Cuando se logró convencerla para que fuera operada, fue sin éxito. “Suplicó que la llevaran a morir a su pueblo. Y así fue”, indica Abril.

Actualmente, en Jacinto Arauz el colegio de la EPET 9 lleva el nombre de la docente, defensora de la Educación Pública y de calidad.