Por Norberto G. Asquini

La extensa emergencia sanitaria por la pandemia cansa y agota, y llevó en los últimos días a activar una nueva (que no es nueva) grieta: los “protectores”, quienes quieren mantener una provincia en la que el coronavirus parece domado; y los “libertarios”, aquellos que piden por más ingresos a la provincia, además de un heterogéneo abanico de reclamos. Detrás de las posturas legítimas de esta segunda posición, aflora la politización de un tema y la polarización política entre el peronismo y la oposición.

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Reclamo legítimo y uso político

El gobierno pampeano ha hecho equilibrio en los últimos meses entre flexibilizar las medidas preventivas (ya fuera en cuarentena, aislamiento o distanciamiento) frente al hartazgo y el desgaste social; y el ajustar la emergencia sanitaria ante el avance de los casos de coronavirus cuyo brote más importante parece haberse domado en los últimos días.

Enfrente están quienes reclaman por una mayor “apertura” para sus familiares radicados en otras provincias. Un pedido totalmente legítimo, que comenzó con las concentraciones en los puntos limítrofes con Córdoba y Buenos Aires, y se continuó con el reclamo vía redes sociales del #AbranLaPampa. Por supuesto, ese pedido legítimo sirvió para que detrás se colara, y hasta se incentivara, la oposición a la gestión provincial. Esa politización de los reclamos a los gobiernos peronistas por el manejo de la emergencia sanitaria ya se ha observado en las movilizaciones anticuarentena (o por “las libertades”) que se dieron a nivel nacional y se replicaron en la provincia (cada vez más flacas en convocatoria), pasando por las concentraciones en los límites, como señalamos, y fogoneando las redes en los últimos días.

El movimiento #AbranLaPampa fue señalado por la oposición como “un éxito” por llegar a las 20 mil firmas, tratando de capitalizarlo como propio. Desde el gobierno provincial hay otra visión, si bien dan cuenta de que la presión social está presente: es un reclamo específico, y no tan numeroso. Desde Casa de Gobierno indican que si bien hay restricciones, el ingreso a La Pampa no estuvo restringido. El problema es aquellos que no quieren hacer la cuarentena o los testeos o los que pretenden no ser controlados.

Protectores y flexibilización

También es cierto que enfrente de los “libertarios” hay una sociedad que acuerda con sostener las medidas preventivas en la provincia y la intervención estatal para frenar los brotes. En un amplio arco que incluye desde los que no se identifican con el gobierno; quienes están cansados de las restricciones, pero ven bien las acciones frente a los contagios y fallecidos por Covid-19; y los que empatizan con quienes están en la trinchera para combatir la pandemia como el sector Salud y la Policía. Y por supuesto, las y los partidarios del oficialismo.

El gobierno mientras tanto regresó el jueves a Santa Rosa, Toay y General Pico a Fase 5; y amplió los horarios de encuentros sociales y las posibilidades para el sector gastronómico. Informó mejor, ya que la medida se había tomada la semana anterior, de la “zona verde” limítrofe para que aquellos que viven en localidades a menos de 100 kilómetros de La Pampa pueden ingresar. Ya se había definido además el solventar los hoteles a las y los estudiantes que regresaban al territorio.

Estamos a semanas de las fiestas de fin de año y seguramente se flexibilizará más la situación. En un cerrar y abrir de ojos, pasó un año de pandemia Covid-19 y aislamientos. La sociedad está cansada y harta desde hace meses. Los brotes y los fallecidos ya no causan alarma, aunque preocupan. Sobre todo cuando el coronavirus ingresa a nuestras casas. Sobrevolando la pandemia, la grieta política sigue abierta entre quienes quieren flexibilizar conservando la prevención y los “libertarios” que reclaman “libre circulación” sin más. Mientras tanto, el desborde del Covid-19, sin contar todavía con la vacuna prometida, sigue latente en las calles.