POBREZA_NIÑA

La lamentable cifra es un reflejo de un país que el año pasado tuvo una devaluación del 50,6%, una inflación de 47,6%, shock tarifario y caída del empleo.

De ese valor se desprenden varios indicadores que marcan dura la realidad que los menores transitan en un país. En el caso de la alimentación, mientras un 29,3% tiene déficit en sus comidas, un 13% pasó hambre durante 2018, cita el documento que destaca además que crece de manera constante la asistencia a comedores infantiles alcanzado el 35%. «Las crisis socioeconómicas como la actual pegan con especial dureza en las infancias», advierte Ianina Tuñon, Investigadora Responsable del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia.

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Inequidades

Las cifras, que son de finales del año pasado, podrían acrecentarse en un contexto de mayor recesión e incertidumbre económica y con una inflación proyectada en 40% para este año. El último índice de pobreza del Indec marcó 32% en el segundo semestre del año pasado. En el caso de la niñez el número es mayor porque se trata de una medición multidimensional, no solo en base al precio de la canasta básica.

El trabajo del barómetro analiza inequidades asociadas a cada dimensión de los derechos del niño. Los pilares por los que se debe analizar la pobreza son alimentación, hábitat y salud y nuevamente este año fueron los indicadores que arrojaron números más preocupantes.

La medición arroja que en 2018 la pobreza monetaria en la infancia y adolescencia alcanzó al 51,7% y es la cifra más elevada de la década. En tanto, se estima que 10,2% son indigentes. Es decir, que en el último período interanual se incrementó la pobreza infantil pasando del 48,1% al 51,7%, según las estimaciones de la EDSA.

Alimentación

Tuñon alerta que «la pobreza monetaria presenta mayor volatilidad pero tiene efectos en el acceso a una alimentación adecuada». «La inseguridad alimentaria implica mal nutrición y como sabemos tiene efectos en otros aspectos del desarrollo infantil y el ejercicio de otros derechos», completa.

El aumento de la pobreza se equipara con la mala alimentación. Así en 2018 un 29,3% sufrió algún déficit de alimentación mostrando una fuerte suba de la medición anterior donde se ubicaba en 21,7%. En tanto, un 13% registró el nivel más elevado de carencia, es decir pasaron hambre. Además se detectó que de ese universo de niños un 35% asiste a comedores escolares. «La pobreza infantil sigue una tendencia en ascenso desde el 2011, pero en 2018 alcanza la cifra más elevada de la década», destaca el informe y advierte que otras medidas directas de pobreza son indicativas de un problema estructural que se ha agravado en los últimos años.

Espacios nocivos

El informe advierte que la mitad de la infancia y adolescencia reside en espacios barriales nocivos en términos de la contaminación ambiental, sin embargo refleja que hubo leves avances en los últimos tres años. Otros números que preocupan son que la precariedad en la construcción de la vivienda afectó en 2018 a casi el 24% de la infancia, la situación de hacinamiento al 23,4%, y las carencias en el espacio del saneamiento al 41,9%, en el tercer trimestre del año pasado. Este último indicador mantiene una evolución positiva.

Según evalúa el trabajo de la UCA, «los indicadores de déficit del hábitat de vida son elevados y sostenidos en su evolución en el tiempo, salvo el déficit en las condiciones de saneamiento que sigue una tendencia positiva y con merma de la desigualdad». Además, el trabajo analiza que en los últimos tres años, la cobertura de salud pública se incrementó en alrededor de un 10% a nivel de la infancia y adolescencia entre 0 y 17 años.

«La cena pasó a ser un recuerdo»

Luego de que se conocieran los datos difundidos por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, monseños Carlos Tissera advirtió que «vemos como creció en nuestros comedores la cantidad de niños que acuden, pero ahora también son madres y abuelos. Esto se está dando ya hace un tiempo». Tissera aseguró además que la ayuda oficial a través del ministerio de Desarrollo Social aumentó «en algunas cosas pero no en el grado suficiente o por lo menos proporcional» al aumento de la cantidad de personas que acuden a los comedores. Consideró además que en los últimos años «lo que se está viviendo en Argentina es el empobrecimiento de la clase media». Y aseguró que el impacto en Cáritas se siente fuerte «porque muchos de los que ayudan son de clase media y no alta».

Acerca de la situación en el conurbano bonaerense, Tissera aseguró que «hay comidas salteadas. Las cenas han pasado a ser algo del recuerdo, porque la gente vive con eso que se come a la tardecita en un comedor. Hay gente que la está pasando muy mal». Acerca de la reacción del gobierno frente a esta realidad, el presidente de Cáritas advirtió que «no hay tanta sensibilidad, pienso que toda la cuestión de presupuesto ha aumentado el monto de algunos planes sociales, pero la realidad es que la inflación está comiendo todo eso. Sobre todo no se va apuntalando el sistema productivo del país, hay una falta de producción de trabajo que hace a la dignidad de un país y un pueblo».