Silvia Naval (64) todavía no encuentra ninguna explicación. El episodio ocurrió el 31 de enero, mientras se encontraba en Córdoba, donde radicó una denuncia penal apenas se percató de la estafa. Sin embargo, a pesar del perjuicio material «lo más doloroso fue el destrato por parte del banco. Soy clienta «select» desde hace más de 30 años, pero no me atendieron, no me llamaron, no investigaron ni buscaron ninguna explicación. Es alarmante la desprotección que tenemos los clientes mientras las entidades se lavan las manos porque no es su dinero» manifestó.

Naval decidió hacer pública su «pesadilla» porque «pasaron 20 días y el banco Santander no se tomó ni dos minutos para buscar una explicación». Además de la denuncia penal, ahora se presentó en Defensa del Consumidor y solicitó una medida cautelar. «Pero también es importante alertar a la gente, porque esto pasa todo el tiempo y a los bancos no les interesa» la suerte de sus clientes, lamentó.

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Cuenta vaciada.
El domingo 31 de enero, Silvia viajó a Córdoba porque uno de sus hijos «debía realizarse una intervención quirúrgica en un ojo, por un desprendimiento de retina». El lunes 1º de febrero quiso ingresar a su home banking para pagar la tarjeta de crédito «pero ya no me reconocía como usuaria. Hice dos intentos y desistí, para evitar que me bloqueara». Al día siguiente acudió a un cajero electrónico y descubrió la estafa: «observé los movimientos. Había dos extracciones en Casa Central, por 10 mil pesos cada una. Habían sido realizadas, aparentemente, con mi tarjeta de débito. Pero yo no estuve en Buenos Aires y tenía todas las tarjetas en mi poder. En mi vida nunca le di mi clave a nadie, ni a mi esposo ni a mis hijos».

También descubrió que «sacaron 66 mil pesos y el crédito automático por 450 mil pesos. El lunes hicieron transferencias, compraron 200 dólares, pagaron servicios y libraron un e-check por 50 mil pesos. Hasta se robaron el fondo de inversión por 127 mil pesos», contó. El martes recibió una notificación vía mail porque no había pagado la tarjeta. Inmediatamente acudió a una fiscalía a radicar la denuncia penal. Pero su vía crucis recién comenzaba.

Esperando respuesta.
Silvia aún no sabe qué pasó. Quiso comunicarse con el banco, para avisar y obtener alguna explicación. «Llamé al 0800, llamé a todos los números del banco y no pude comunicarme». Finalmente pudo hablar con su oficial de cuenta, en Santa Rosa. «Le pedí que bloquearan la cuenta, respondió que no era posible y me avisó que había una transferencia programada para el día siguiente y un e-check por 50 mil (yo ni sabía qué era) y además tenía un descubierto por 30 mil pesos».

«Tenía que pagar la operación de mi hijo y estaba sin un peso». Acudió al banco «pero no me dejaron entrar porque tenía que sacar turno. El home banking solo entrega turno para la sucursal donde está radicada la cuenta así que tuve que llamar a Buenos Aires. Cuando pude ingresar a la sucursal, un empleado hizo copia de mi denuncia y me dijo: «no se haga problema señora, la van a llamar de Buenos Aires». Nunca me llamaron: desde ese miércoles todavía sigo esperando una respuesta».

Pasó una semana. «Al miércoles siguiente mi oficial de cuenta me avisa que la denuncia penal no había llegado. Le pedí que llamara a la sucursal 205 de Córdoba. ¡Y le respondieron que yo nunca había estado ahí! Había permanecido una hora y media pero no tenía ninguna constancia para probarlo». Tuvo que presentar de nuevo la copia de su denuncia. Finalmente, «el viernes 12 de febrero me mandaron un mail de tres renglones, diciendo que rechazan mi denuncia. Para ellos, yo cedí mi clave a alguien, pero no dicen cómo llegaron a esa conclusión».

«Un destrato total».
Según Silvia «el banco no tiene ningún argumento técnico sobre que pasó. Cuando volví a Santa Rosa no quiso atenderme ningún gerente. No perdieron ni un minuto para investigar y nunca me llamaron, aunque soy clienta desde hace más de 30 años. Eso sí, ya me mandaron el vencimiento de la primera cuota del crédito».

Al menos, Silvia sabe a qué cuentas fue transferido su dinero y también registró los usuarios de Direct TV cuyos servicios pagaron desde su cuenta. «Para el banco es un problema mío y debo accionar contra quienes me hayan robado. Ellos se lavan las manos. Así que ahora estoy preparando una denuncia en Defensa del Consumidor y una cautelar para que posterguen el cobro del crédito».

Durante todo su testimonio dejó en claro que «lo más doloroso no es la estafa, sino el destrato del Santander. En 30 años nunca tuve un descubierto, no me atrasé un día con la tarjeta. En toda mi vida pedí dos créditos y pagué las cuotas en tiempo y forma. Los clientes estamos totalmente desprotegidos: ellos se lavan las manos y dicen «es culpa tuya». Pero yo voy a seguir hasta el final», concluyó.