Elecciones_Octubre

Por Norberto G. Asquini

Hay quienes tienen puesta la cabeza en 2021 y quienes la tienen en 2023. Cómo juega en esto la “hipótesis de los ocho años” de gobiernos del PJ, la sociedad Verna-Ziliotto y la situación de “empate interno” de la UCR.

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La hipótesis de los ocho años

Las elecciones legislativas de este año serán importantes para el mundo de la política porque marcarán liderazgos y rumbos en cada espacio para dentro de dos años. Esto no solo ocurre a nivel nacional, sino también en La Pampa.

En la provincia hay quienes tienen más la mirada puesta en 2023 que en las elecciones intermedias. Son las gestiones. El gobernador Sergio Ziliotto, el intendente de Santa Rosa Luciano di Nápoli y la intendenta de Genera Pico, Fernanda Alonso, pueden ser reelectos y la posibilidad de repetir es su fortaleza. Sobrevuela desde el inicio de sus gobiernos la hipótesis de los “ochos años”, en los que se va a mantener el status quo en las tres gestiones hasta 2027. Después será otra historia. Por supuesto, esa idea que debe tener en cuenta lo que pueda llegar a pasar en la realidad concreta. Esta “hipótesis de los ocho años” lo hacen deslizar desde Casa de Gobierno o desde la oficina de Luchy Alonso en el Senado como garantía de lo que va a venir. Es que la alianza estratégica vernismo-kirchnerismo también suelda por arriba el rumbo del peronismo pampeano y mientras se mantenga, todo seguirá, más o menos, igual. Por eso nadie quiere hacer olas. Por ejemplo, la publicación de una actividad de La Cámpora en General Pico la semana pasada, enseguida hizo que desde el kirchnerismo llamaran para dar explicaciones y evitar cualquier confusión.

Si el vernismo y el kirchnerismo tienen una visión a más largo plazo por tener los cargos ejecutivos, el resto de los espacios internos presionan sobre el armado de las listas porque no hay 2023 sin 2021. En política nadie regala nada y se tiene que llegar lo mejor armado dentro de dos años para ser parte.

La sociedad Verna-Ziliotto

Igualmente 2021 será un reto para el PJ. El gobernador en la provincia y las y los intendentes en sus localidades tendrán que legitimar sus gestiones y construcciones políticas con votos, más allá que las campañas se nacionalizarán y el PJ pampeano tratará de provincializarlas para no quedar tan pegado a Casa Rosada.

Hoy el ex gobernador Carlos Verna es el conductor del PJ y su nombre permite alinear a los distintos sectores del peronismo detrás de su nombre. Su precandidatura sería el escenario ideal para el PJ en las legislativas. Pero todavía falta saber si será candidato a senador este año. Si no lo fuera, Ziliotto que ejerce un liderazgo basado en el gobierno y el partido, deberá buscar además ser avalado por los votos de la lista oficialista. Es que los liderazgos se ganan, y el poder no se transfiere. Hoy prevalece esa sociedad construida entre Verna y Ziliotto que le da forma y contención al peronismo pampeano. La que puede verse de dos maneras según el interés del analista de turno: una asociación virtuosa en la que los dos conviven y se respaldan por años compartidos de política; y los que hablan de una constante tensión entre ambos.

El empate interno radical

La oposición, ya lo habíamos adelantado en esta columna, está enfrascada en 2021. A nivel nacional se disputan los liderazgos, y esto se replica en cada provincia. Entre los del mismo partido y entre las distintas fuerzas de Juntos por el Cambio. El periodista Diego Genoud indica que “el choque en cámara lenta que protagonizan Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta desde que el primer fracasó en el poder entró en fase de aceleración”. Más tarde o más temprano van a confrontar por el liderazgo. Y también las y los aliados de cada uno, como son el caso de Vidal y Bullrich. En la UCR ocurre lo mismo, aunque las divisiones se dan más a nivel provincial y se observan en distritos como Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe o Córdoba.

En La Pampa la UCR se juega en 2021 a mantener el predominio sobre el PRO, y también a dirimir la situación de “empate interno” en sus propias filas de cara a 2023. Esto lleva, desde 2015 en adelante, a que cada vez que se disputan elecciones la confrontación interna prevalece y llegan a consensos forzados.

En el radicalismo se van perfilando precandidaturas para encabezar boletas (hasta ahora manifestadas puertas adentro de manera informal) como las de Poli Altolaguirre de los “celestes” más aliados; y la de Daniel Kroneberger con los propios más aliados como son los “azules”. Habrá otros sectores que jugarán las PASO, pero las estructuras son las que pesan. El 2021 definirá en las filas radicales dónde estará ubicado cada espacio cuando se discuta 2023.

Se viene así un choque de planetas, que algunos tratan de que sea lo más medido posible porque no quieren que se repita lo de 2017. Las divisiones radicales llevan a que termine imponiéndose (de concretarse Juntos por el Cambio) el PRO + aliados en las primarias. En el PRO pampeano también hay, dijimos antes, “halcones” y “palomas” que están pensando en estas elecciones para definir espacios internos de cara a 2023 cuando se jueguen los cargos.

Empiezan a correr los tiempos electorales y ya todas y todos sacan cuentas. Algunos con la mirada puesta a corto plazo, otros calculando posibilidades para dentro de dos años. Los votos decidirán dónde quedará ubicado cada espacio político de cara a las discusiones futuras.