Foto de archivo (2019)

Por Norberto G. Asquini

La nueva conformación del Partido Justicialista pampeano es una señal más del rumbo político tomado a partir de 2019 por el peronismo provincial. Es la transición de una fuerza tradicional a una del siglo XXI en La Pampa: con el ocaso o la consolidación de unos y unas, con la permanencia de otros y otras.

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Dimos cuenta en esta columna cuando se conocían las listas el viernes pasado de cómo se plasmó en la nueva integración del PJ la alianza Plural-kirchnerismo. Las listas de unidad (aún en la diversidad) entre los sectores mayoritarios mostraron los consensos. Más allá de que hay miradas que tienden a mostrar las grietas internas, que siempre existen, y le dan color a la crónica periodística, los acuerdos son más fuertes y naturales que las divisiones. La lógica del poder del peronismo pampeano. Históricamente, aún hoy en lo vertiginoso de nuestra época.

Las listas que se presentaron a internas frente a las de la unidad (General Acha, Metileo, Toay, Castex y Victorica y en dos unidades básicas de la capital) tuvieron más color local que diferencias provinciales. Algunas de esas boletas disidentes seguramente se caerán por falta de papeles y respaldos. La permanencia del plural-vernismo en esta nueva etapa con el gobernador Sergio Ziliotto (aunque mantiene su conductor) y la tendencia a la renovación es la norma. Es el trasvase a un peronismo marca Siglo XXI. En el nuevo ordenamiento partidario que se dio, las y los intendentes siguen siendo la estructura vertical de la Plural y el PJ: la tendencia fue reunir las cabezas del poder político-institucional con el partidario en las unidades básicas. No fue en todos los pueblos, pero si en la mayoría. En otros, como Santa Isabel o La Reforma, fueron ocupados por ex intendentes vernistas. La columna vertebral del PJ se fortaleció.

La renovación de autoridades dejó al histórico Rubén Hugo Marín sin cargo, institucional o partidario, después de décadas. El ex gobernador, de 90 años, fue el dirigente político más importante del siglo XX, con cuatro gobernaciones y un ciclo en el poder que se extendió de 1983 hasta cerca de 2007. Tal vez la figura pampeana de mayor relevancia a nivel nacional en su momento al que se le ofreció la candidatura a vicepresidente. Su influencia continuó vigente, aunque en segundo plano como socio estratégico del vernismo. Su salida de la presidencia del PJ muestra también otro capítulo más de la transición entre quienes fueron parte de la generación del 83 y una nueva dirigencia que ya ocupa amplios espacios. Entre un partido monolítico cuando reinaba el marinismo en los 90 y uno del Siglo XXI en el que conviven diferentes líneas y sectores más allá de la centralidad política del vernismo. Se lo vio incómodo a Marín en los últimos tiempos con lo que se estaba dando y con lo que se viene.

Otra novedad, hacia adelante, fue el ingreso del kirchnerismo de lleno en la estructura del PJ. Luz Alonso como vicepresidenta en la provincia, Luciano di Nápoli presidente del Consejo de Unidades Básicas en Santa Rosa. El kirchnerismo, encabezado por La Cámpora y bajo el ala de Cristina Fernández, supo combatir al que consideraba el peronismo tradicional y renegar de la estructura partidaria del justicialismo. Hasta se le enfrentó en la justicia electoral y en las urnas. El haber hecho pie en el partido, de que un camporista esté al frente del PJ santarroseño, es otra señal más de la transición iniciada en 2019. Cuenta ahora con territorio y gestión, y son otros tiempos y otra madurez política. Al capital político ganado con lo electoral y cimentado por lo institucional hace dos años, le suma su consolidación con su espacio ganado en lo partidario.