Por Norberto G. Asquini

La irrupción de un “libertario”, como fue llamado, interrumpiendo la conferencia de prensa en vivo del gobernador Sergio Ziliotto fue tomado por los medios como un hecho anecdótico, una escena risueña. Sin embargo, ese hecho encierra simbólicamente una nueva forma de hacer y entender la política que se expande por el mundo y que llegó a La Pampa.

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Ya el hecho de que una persona complicara la cadena provincial del gobernador fue un hecho inédito, atípico. No se recuerda una situación similar. Y más cuando se lo hace en pleno Salón de Acuerdos de Casa de Gobierno y sin público presente. Lo que habla también de las características de la política provincial, no habituada a hechos violentos. La persona pudo ingresar detrás de un barbijo y en la confianza de que todas y todas los que asisten a esa conferencia de prensa sobre el tema sanitario van de buena fe para informar e informarse.

La irrupción de esta persona mostró las características de su reclamo: un negacionista, antivacuna, antipolítica, covidiota en la nueva acepción de la RAE. No había cuestiones concretas, ni pedido económico. Solo un ataque al gobierno. Un extremista de la política que no interpela ni protesta, sino que ataca y desafía. Un lobo solitario que representa un ala dura. Ni siquiera un extremo de las fuerzas de la oposición pampeana con representación institucional, que tienen representantes para reclamar y criticar, y lo hacen, dentro del orden democrático.

En la Argentina de la polarización, de dirigentes y comunicadores que usan sus espacios para profundizar la grieta hasta llevando a los extremos de la mentira (Patricia Bullrich acusando al gobierno de coimas por las vacunas, Viviana Canosa insultando al presidente en vivo y arengando a quemar la Casa Rosada) estos sectores se encienden y activan. Hay quienes están de manera independiente, la mayoría entre los ultraliberales y ultraconservadores (Milei, Espert, etc) y otros como corriente interna del PRO como Jóvenes Republicanos. Se los observa entre los haters de las redes sociales y cuando pueden se manifiestan contra el gobierno nacional. La bomba en una sede del Frente de Todos en Bahía Blanca bien es una muestra de los extremos a los que pueden llegar.

Son parte de una ola internacional que tiene entre grupos a los QAnon en Estados Unidos, los ultraconservadores y de extrema derecha antiinmigrantes o antiislámicos que hasta ganan bancas en los parlamentos y las agrupaciones violentas pro-Bolsonaro.

Como indica el periodista Pablo Stefanoni en su libro “¿La rebeldía se volvió de derecha?”, la extrema derecha quiere cambiar el mundo (a su manera) y mucha gente está convencida de que es necesario. Y para eso utilizan combinaciones de nacionalismo, posiciones antiestado, xenofobia, racismo y misogonia, con un aura de incorrección y novedad que atrae a los jóvenes. Grupos que se los califica como “derechas alternativas” que están provocando una revolución en la política occidental. No significa que ganarán elecciones, ni que gobernarán. Pero sus ataques van directamente al corazón del orden democrático.

Podemos pensar que el “vecino” que interrumpió al gobernador es un “loco suelto”. En la historia de moderación de la política pampeana, no hay lugar para estos grupos. Y da tranquilidad pensar en que solo fue un hecho risueño y tal vez no pase de ahí. Pero esas posturas de extrema están presentes y actuando en la sociedad actual.