Por Norberto G. Asquini

La segunda ola de contagios del covid-19 sacude a todos los gobiernos. En La Pampa, el gobernador Sergio Ziliotto tuvo que “parar de pechito” una situación que parece desbordar a otros: más casos positivos que ponen en jaque el sistema de Salud; más medidas para controlar los casos pero que no afecten a la población en sus actividades; y una crisis política derivada de la gestión de la pandemia que provocó el enfrentamiento entre Nación y CABA con discusiones que tuvieron derivaciones en el resto del país.

Anuncio

Frente a la segunda ola, el presidente Alberto Fernández tomó medidas restrictivas y Horacio Rodríguez Larreta desde CABA se le enfrentó en la cuestión de las clases promoviendo que se mantuviera la presencialidad pese a todo.

La pandemia, como todos los temas en Argentina, forma parte de la grieta. Y las gestiones provinciales quedan tironeadas por debates nacionales. En La Pampa, Ziliotto decidió enfrentar el incremento de casos con la política del equilibrista: frenar los encuentros sociales, mantener las clases bimodales y no suspender actividades económicas. El nivel de saturación y hastío de la gente es tal, que los gobiernos evitan tensar la cuerda. Hay muchos irascibles por una situación que es asfixiante, se enojan si se toman medidas, se enojan si no se las toma.

Decisiones y votos

El manejo que se tenga ahora de la gestión de la pandemia tendrá repercusiones en las elecciones que se vienen, ahora postergadas un mes. Las PASO serán en primavera, evitando el invierno. Sin embargo, se votará en plena situación crítica, porque además de la pandemia está la crisis económica, con inflación alta y dólar retenido.

El gobernador Ziliotto, como en todas las nuevas gestiones (desde el presidente Fernández, el gobernador bonaerense Axel Kiciloff, los intendentes Di Nápoli y Alonso) deben legitimar sus gobiernos. Y afrontar una elección intermedia donde el electorado pondrá en la balanza cómo se gestionó la pandemia es todo un desafío que tiene por delante.

La pandemia y la economía marcarán el escenario de las elecciones. Los oficialismos deben llegar y salir airosos. El gobierno trata de sacársela de encima y la oposición lo obstaculiza, como si pensara que su adversario pagará un costo más alto cuanto más dure la enfermedad, indica el consultor Carlos Fara. La sociedad a esta altura lo que quiere es que se termine la epidemia. Fara analiza que la gente inclinará su opinión hacia el que muestre más eficiencia para terminar la epidemia, para conseguir más vacunas y para vacunar con más rapidez.

Por su parte, el consultor Maximiliano Aguiar indica que la pandemia no cesará, al menos por ahora, y que la particularidad del contexto genera una opinión pública hipersensible a los cambios. Actualmente el presidente Fernández no pasa un buen momento en su imagen pública, de acuerdo a la mayoría de las encuestas, por lo que remontar la imagen de gestión es una posibilidad difícil. Los gobiernos provinciales esperan que esto se revierta porque como toda legislativa la campaña se nacionalizará.

En tanto, el consultor Gustavo Córdoba afirma que el voto en una legislativa es contextual, lo que se va a votar en septiembre o noviembre tendrá como telón de fondo lo que suceda en ese momento, que no sabemos qué pasará.

Lo que viene

En ese marco, Ziliotto hace equilibrio y lo seguirá haciendo durante el año electoral, mientras la gente se vacuna pero no deja de contagiarse. Sostiene el sistema de salud, no aprieta los controles (más restricciones) y mantiene la apertura de establecimientos educativos y comercios. Hacerlo significa más enojos. Tiene más cuerda para tirar, más lugar para maniobrar, que las gestiones del AMBA. Del otro lado, desde la oposición, más duro el PRO, más moderada la UCR, los dardos son contra las políticas que lleva adelante el mandatario. Y que por ahora, no mellan al gobierno, si bien incomodan.

Lo importante, mientras transcurre la segunda ola que pone en aprietos a todos los gobiernos, es gestionar la pandemia, frenar los contagios y sostener la actividad económica. El único camino para llegar bien a la hora del voto.