Agotamiento y renuncias en la U-4: denuncian «guardias extremas» y salarios de pobreza

El panorama a mediano plazo no es alentador.
La falta de personal en el Servicio Penitenciario Federal obliga a los agentes a cumplir esquemas de 12 por 12 horas, anulando el descanso legal. Advierten que el sueldo no cubre la canasta básica y que los nuevos ingresantes abandonan el curso a un mes de iniciar.

La situación laboral en la Unidad 4 de Santa Rosa llegó a un punto crítico. La falta de personal operativo ha transformado la rutina de los agentes en un ciclo de «recargo» permanente, donde la falta de descanso, el impacto económico del traslado al lugar de trabajo y los bajos salarios están provocando una sangría de trabajadores que prefieren volver a la informalidad antes que seguir en la fuerza.

Según datos recabados por El Diario sobre el funcionamiento interno de la U-4, la falta de agentes en los turnos de día es alarmante: «solo hay 4 personas para cubrir 7 puestos operativos», dijeron varias fuentes consultadas para graficar las «guardias extremas» que tienen que cumplir.

Para intentar cerrar el esquema, las autoridades deben apelar a medidas de emergencia que resienten la seguridad y la salud del personal: en lo que implica un recargo sistemático, se utilizan agentes de la sección Canes y personal administrativo recargado para cubrir las torres de vigilancia; durante las 12 horas de turno, los agentes permanecen en las garitas sin relevos para bajar a descansar o alimentarse adecuadamente; y en lugar del régimen habitual de 12×36, el personal está cumpliendo un esquema de 12×12. Esto implica -además- que las 24 horas semanales de exceso no son remuneradas.

El bolsillo, el otro enemigo

Al impacto físico y mental que sufren los trabajadores se suma el económico. Al tener que asistir diariamente a la unidad por la falta de franco, los agentes han duplicado sus gastos de combustible y traslados, costos que deben afrontar de su propio bolsillo.

Con un sueldo promedio que ronda los 800 mil pesos, el personal asegura que no llega a fin de mes. «Muchos agentes que ingresaron el año pasado ya pidieron la baja; tenían trabajos secundarios afuera que debieron abandonar por el exceso de horas en la Unidad, y terminaron volviendo a sus antiguos empleos porque ganaban más», confiaron fuentes cercanas a la institución.

Futuro incierto

El panorama a mediano plazo no es alentador. Actualmente, existe un curso de ingreso en marcha que dura 9 meses, pero la deserción ya comenzó: de 35 aspirantes, 5 pidieron la baja cuando apenas llevan un mes de instrucción.

La disconformidad es generalizada y el temor es que, una vez egresados, los nuevos agentes sigan el mismo camino de renuncia ante un sistema que, denuncian, los deja «reventados» y lejos de sus familias.

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