Norberto G. Asquini

El 2020 quedará como el año de la pandemia. Un año de tiempos muertos impregnado por el coronavirus, a la espera de una nueva normalidad. Pero la política, como la vida, continuó fluyendo al ritmo de la gestión de Ziliotto frente a la pandemia, la grieta siempre presente y la política que comienza a descongelarse.

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Del proyecto a la emergencia

El 2020 iba a ser el primer año de Sergio Ziliotto como gobernador y (como también pasó con el presidente Alberto Fernández o intendentas e intendentes recién asumidos) tenía un plan de vuelo para su futura gestión que no pudo ser. En marzo el Covid-19 golpeó la realidad: una crisis global, profunda e inédita para la que no había manual previsto. De la provincia proyectada se pasó a la provincia de la emergencia. La urgencia desplazó el plan de gobierno que Ziliotto tejió con sus colaboradores durante los meses de espera a su asunción en 2019, con nuevas prioridades y necesidades. Se tuvo que hacer cargo así de una realidad que abofeteó a cada gobierno. “Cualquiera tiene un plan hasta que te pegan en la cara”, diría Mike Tyson.

Ziliotto, que buscaba afianzar su figura, cambió drásticamente el curso del barco. Se tuvo que reconvertir en el domador de la tormenta y desde ese lugar se legitimó. Salió airoso, como indica la encuesta de CB Consultora que midió durante todo el año la aprobación de las gestiones de las y los gobernadores. La medición no es un hecho, es una guía de lo que está sucediendo: en diciembre terminó en el quinto lugar de ese ranking con el 63% de imagen positiva. A pesar del brote de casos desatado en diciembre, tendencia que se da también a nivel nacional, y que tuvo múltiples causas como el relajamiento y el agotamiento de la gente por las restricciones.

El rol del Estado presente

Ziliotto se consolidó por las respuestas que dio el gobierno provincial, no solo para paliar la situación económica de algunos sectores, sino también por impulsar la recuperación desde el mismo Estado. Su rostro se hizo habitual en las conferencias de prensa y capitalizó el haber surfeado la pandemia, como también podría haberse estrellado de no haber podido dominar la situación. Se combinaron medidas paliativas con proyectos para inyectar fondos a través de obras. Las y los intendentes estuvieron más que conformes en ese sentido. En lo político, afianzó la relación con el presidente Fernández y con el kirchnerismo como principal aliado; sostuvo la relación política con el conductor político del peronismo local y socio político, Carlos Verna; y sobrellevó a los sectores vernistas que se muestran díscolos.

El Estado provincial respondió. Elogiado o criticado según el ángulo ideológico con que se lo evalúe, ese Estado presente en La Pampa construido por el peronismo cumplió con su rol, cuando la cuarentena puso a todos y todas contra la pared. Desde el personal de Salud y de seguridad en la trinchera, con las y los docentes con sus clases a distancia intentando amaestrar el Zoom y desde el gobierno implementando políticas para contener la crisis económica con medidas de protección. No se frenó la caída, pero el Estado estuvo presente para evitar el abismo. La actividad provincial, golpeada por la crisis económica nacional que se había heredado, se derrumbó por los cierres de la cuarentena.

La grieta presente y activa

La pandemia puso en suspenso a la política partidaria, pero no a la grieta. Ya fuera promovida por los debates a nivel nacional o por cuestiones locales, la oposición encontró la manera de manifestarse. La Pampa tuvo así a quienes clamaron por “libertad” frente a las medidas restrictivas o directamente sostuvieron posturas anticuarentena; reclamos por los comercios cerrados o por una mayor flexibilización; protestas en los límites provinciales o por las redes para que “abrieran” la provincia; y hasta manifestaciones antivacunas sobre fin de año. La grieta está presente y activa.

El 2020 fue así un año casi congelado en lo político, donde todo giró en torno a la pandemia. En tres meses comienza el calendario electoral. El 2021 será diferente, pero no tan diferente. El coronavirus y la crisis continuarán y serán el telón de fondo de las elecciones legislativas, que serán movidas para oficialismo y oposición.

El PJ pampeano se reconfiguró en 2019 y eso se querrá dejar plasmado en el reparto de los cargos partidarios y legislativos próximos. La tensión en el gobierno a nivel nacional, acicateada por los medios concentrados, pero que no deja de existir, entre el presidente y CFK no parece que vaya a tener ningún correlato en la provincia. La idea es una lista de unidad. Que el candidato a senador sea Carlos Verna alinearía a todo el peronismo evitando posibles internas. Esa decisión es central sobre lo que vendrá, pero es el ex gobernador el que debe dar el sí o el no.

En la oposición se verá si, ya sin el gobierno nacional como factor unificador, se vuelve o no a conformar la alianza entre la UCR y el PRO. Fue en su momento una sociedad por conveniencia y en 2020 no hubo ningún motivo de acercamiento. Cada uno jugó su papel frente al gobierno provincial.

Se viene 2021, distinto pero no tan distinto. Será un año electoral. Bajo la presión del Covid-19 y la vacunación y afrontando la crisis económica y los planes para frenarla, comenzará el debate y las fricciones internas por las candidaturas y la validación en las urnas de los gobiernos.